Domingo, 20.45, ya no quedan esperanzas.

Fui a votar 14.30, salí de la escuela caserina exactamente una hora más tarde deseosa de respirar un poco de aire puro después de que me hayan tosido y fumado en la cara, y de que me hayan preguntado seiscientas veces quién era la última de la fila. La escuela, un verdadero quilombo: nenes llorando (y con razón), cochecitos y papás que acompañaban y ocupaban más lugar del debido en un espacio bastante reducido. De todos modos, contenta por haber expresado mi opinión, y deseosa de que la futura Presi haya ganado LIMPIAMENTE.

Pude notar que las boletas del Partido que más le hace sombra a nuestro Intendente estaban bastante escondidas, por lo menos en el aula donde yo votaba. Y durante la hora de espera, teniendo 25 personas adelante mío, DOS veces debieron entrar las autoridades de mesa para agregar boletas faltantes.

Que Dios no nos desampare: la Historia dice que es el Pueblo quien pierde siempre.

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